
Perdóname, boss. Se me había olvidado decirte que prefiero el mundo tal y como está. Con los pies arriba y la cabeza perdida, levantándonos de la primera caída sin llorar, y de la segunda incluso riendo. Hasta he cogido prestado un martillo y una taladradora. Me han dicho que sirven para romper todas las paredes que tengamos que afrontar, para acabar con cualquier rescoldo de desesperanza, para echar abajo miedos y fracasos.
Ya sabes cómo va esto, ponemos la fuerza y los chubasqueros a medias.



