

Nunca te vas a encontrar a nadie como ella.
Maneja la ironía como nadie, y no dudes que le encanta hacerlo, con esa risilla malvada en la que frunce el ceño y cierra un poquito los ojos. Quiere conseguir su objetivo, no desiste, atravesaría cristales incluso si eso le ayudara a llegar al final. También escribe dulce, muy bonito, y es que la inspiración, cuando llega, la aprovecha. Es una pequeña cangrejito, que se unta y reunta de crema protectora pero siempre acaba el verano como una negrita. Cree en el destino y en las señales, las busca y las encuentra, ahora que interpretarlas ya es un poco más difícil. Es una informática en toda regla, picona con quien no encuentra ni la usal. Quiere fiesta y fiesta Pucela, y la verdad es que cuando sales con ella son las mejores noches. Busca sentidos ocultos y escucha los sentidos enrevesados. Motes y más motes, y que no se note quiénes son. Las camisetitas blancas le pierden, como los músculos grandes y las siestas de 15 minutos a cualquier hora del día. Odia los jejes pero no se enfada si se los pones. A veces, y solo si tienes suerte da unos abrazos de los que cierras los ojos y sonríes.
No, no hay nadie como ella, ni lo habrá, ni siquiera encontrarás una como ella en Salou, ni el más mínimo parecido.
Tú un día , por mis dieciocho me dijiste tantas palabras... Tantas palabras que me describían, tantas palabras que me definían para ti. Yo soy tu editora, tu deportista, tu compañera de paranoias y señales, tu psicóloga en crisis y locuras. Tu boss.
No, lo siento. Tú no eres eso para mi. Porque eso no son más que letras, que nos hacen recordar, que nos hacen soñar, que nos hacen querer que nos pertenezcan. Ninguna de ellas, ninguna, es capaz de hacernos sentir la risa, la alegría, la amistad exponencialmente ilimitada. No, no hay, pero si algo me has enseñado, lo que mejor he aprendido de ti, es que lo que no existe siempre se puede inventar.